Corrección política

Dividir a las personas, tal como  suele hacerse,  entre defensores y críticos de la “corrección política” me parece un error. En realidad, quienes dicen estar contra la corrección política suelen defender simplemente otro conjunto de convenciones más cercanos a sus puntos de vista políticos (en un sentido amplio). O sea, en realidad todos defendemos nuestro propio libro de estilo porque éste coincide mejor con la visión del mundo que cada uno defendemos.

En mi caso, por ejemplo, soy irónico con la manía de usar masculino y femenino allí donde podría usarse el masculino genérico de forma mucho más económica, y también elegante (y juro, por cierto, que no soy machista).  Pero eso no significa que renuncie a la corrección política. De hecho, hay usos del lenguaje que ponen en guardia de forma inmediata por las connotaciones “políticas” de algunas expresiones.

Ahora me vienen a la mente dos usos que de acuerdo con mi propio canon considero políticamente incorrectas:

Uno. Decir “el alumnado” o “la ciudadanía” en vez de “los alumnos” o “los ciudadanos”. Esta convención, cada día más pujante, me resulta políticamente incorrecta porque, para evitar el denostado masculino genérico que vuelve “invisibles” a “las alumnas” o a “las ciudadanas”, se acaba haciendo algo peor: colectivizar lo que sólo son sumas de individuos. Decir que “la ciudadanía está a favor” (de lo que sea) es hacer invisibles a los ciudadanos que, haciendo uso de su libertad y de su capacidad para establecer sus propias opiniones, hayan estado en contra (de lo que sea). Cuando decimos “el alumnado” o “la ciudadanía”, como si tales entidades colectivas existieran, cuando en realidad lo que existen son ciudadanos y alumnos (independientemente de su sexo, huelga decir) estamos nombrando seres más parecidas a un hormiguero, una colmena o una colonia de insectos sociales que a una sociedad formada por individuos con opiniones e intereses diferentes y a menudo enfrentados, que es lo que para bien o para mal caracteriza a las sociedades, al menos a las democráticas.

Por todo ello encuentro políticamente mucho más incorrecto decir “el alumnado” que “los alumnos”.

Dos. Cuando hablamos de “la gente” ocurre algo muy parecido. Pero la mayor incorrección con este término es que suele usarse en tercera persona y en un tono sutilmente despectivo. O sea, como si nosotros y nuestros interlocutores no formáramos parte de  “la gente”. En el fondo, el uso frecuente de esa expresión revela un clasismo más o menos camuflado, sutil, pero persistente.

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